Actitud reflexiva de los
cuatro pilares de la Medicina Familiar.
1- Atención
primaria. La Medicina de Familia se afirma como especialidad moderna en su afán
por recuperar el personalismo en la actuación médica, es decir, lo que más
caracteriza la actuación del médico familiar no son las molestias que trata,
sino las personas a las que cuida. Debemos ver al paciente –antes de ver la
molestia- , porque es el paciente la clave que orienta la acción médica.
2- Educación
médica. Es el alumno –con sus expectativas, dilemas, dudas y proceso de
aprendizaje- el que orienta al médico de familia como profesor. El profesor
como modelo estimula el potencial vocacional del alumno. La convivencia del
profesor- alumno dentro del ámbito de la Medicina Familiar debe ser tan
estrecha como la del médico con sus pacientes. Descuidarla pone en riesgo la
continuidad de la Medicina de Familia como especialidad y su propia identidad,
su compromiso educacional.
3- Humanismo.
Es tener presente de modo práctico y real que el objetivo de la actuación
médica es un ser humano, una persona, aquella persona, única e irrepetible.
Cultivar el humanismo es una verdadera necesidad, como lo son también los
conocimientos técnicos actualizados. El humanismo es una actitud innata a la
profesión médica. Un médico sin humanismo es un “ente” muy próximo a lo que se
podría denominar “mecánico de personas” por muchos títulos que posea. La única
evaluación que el paciente hace del médico es sobre su “estatura” como persona,
es decir, su capacidad humanista.
4- Formación
de líderes. Instalar un nuevo paradigma de atención médica implica contar con
líderes, es decir, con formadores de opinión, con elementos que sepan crear,
soñar, ejecutar y convocar seguidores en torno de un ideal. El liderazgo
verdadero comienza por uno mismo, supone ser líder de sí mismo, conductor de su
destino, saber ¿quién soy?,¿qué quiero? Necesitamos líderes que tengan orgullo
de ser lo que son, médicos de familia, por opción vocacional, porque esa fue su
decisión profesional. La medicina centrada en la persona que nuestra
especialidad propone no puede apoyarse un una práctica generalista inundada de
sentimientos de frustración de quien quería ser “otro especialista” y no pudo
serlo. Liderazgo significa entender la grandeza de la misión que tenemos
encomendada. Son necesarios líderes que tengan entusiasmo apasionado por la
Medicina de Familia, que hayan sabido hacer de ella una opción de vida.
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